Mundo de ficçãoIniciar sessãoSuspiré, sabiendo que no podía detenerla. Clío seguía siendo la mujer de voluntad férrea que amaba, pero también sabía que tenía razón. Si seguíamos improvisando cada paso, el caos nos iba a devorar vivos.
—Ponerme a mí de señuelo —dijo muy seria. —¡No, no, y no! ¡Ni se te ocurra pensar que yo voy a estar de acuerdo con eso, Clío! ¡No y no! &md






