180. EDNA Y CINTIA
El silencio que sigue al sonido del teléfono desconectado es casi teatral. Edna parpadea, aturdida, como si no pudiera procesar lo que acaba de suceder. Su rostro, rojo de rabia hace unos minutos, parece ahora pasar por una mezcla de incredulidad y humillación.
—Esto no puede ser… —murmura, más para ella misma que para nadie en particular.
—¿Qué están mirando? —pregunta con un tono afilado, dirigiéndose a los pocos empleados que aún están en la sala, intentando inútilmente esconder sus son