Mundo de ficçãoIniciar sessãoElla sollozó más fuerte y negó con la cabeza, sus dedos aferrándose a mí como si temiera que desapareciera. Henry, desde el otro lado de la sala, observaba en completo silencio, con las manos apretadas en puños. Su respiración era pesada, y por un momento pensé que él también iba a perder el control.
—No llores, mira, estoy bien —le repito, tratando de tranquilizarla—. Henry, espero que no le digas es






