—Emily —advirtió Elena—. Has hecho una pausa. ¿Por qué has pausado?
Ella arrugó la cara.
—¿Lo he hecho?
Elena se inclinó hacia adelante.
—¡Madre mía! ¿Qué pasa? ¿Te mudas fuera de la ciudad? ¿Te vas? ¿Estás enferma?
—Frena el carro, loca —dijo Emily entre risas—. No estoy enferma, ¡por el amor de Dios!
El corazón de Elena volvió a su ritmo normal.
—Bueno, pues algo es.
—No quería decir nada con todo el torbellino de emociones y todo lo que ha estado pasando. —Emily hizo un gesto hacia Elena—. P