—Está bien, Chandler. Estabas sorprendido, fuera de tu elemento, y deberías haberlo oído de mi boca —le dijo Elena.
—No me quites la culpa de encima, amor. —Él bajó la mano, pero sus ojos seguían fijos en los labios de ella—. Siento muchísimo lo que te dije, y tengo pensado pedirles disculpas a Emily y a Daniel por haber salido corriendo de su casa. No tengo excusa.
—Vale.
Él sonrió. —¿Solo «vale»?
Las manos de Elena se abrieron paso por su pecho en un recorrido lento, disfrutando del calor de