Chandler sonrió. —Ya lo puedes decir.
Elena lo miró. Tenía la cara pálida y desencajada. —¿Decir qué?
Enarbolando las cejas, él hizo un gesto con la mano hacia el parabrisas.
—Aah —Se aclaró la garganta—. Me guardaré el «te lo dije» para cuando estemos a salvo dentro de su casa.
La parte trasera del coche coleó cuando él tomó el largo camino de entrada. Sabiendo que no debía dar un volantazo brusco para corregirlo —ya que lo último que quería era acabar patinando fuera del camino y caer por la