Elena sintió una profunda pena por él. Sin importar lo que le hubiera revelado, los fragmentos de su pasado que le hubiera contado, esta era la primera vez que comprendía hasta qué punto había aprendido a protegerse. Su distanciamiento tenía mucho más que ver con él que con ella. —¿Y sueles dar discursos así a las mujeres con las que te besas o te acuestas? —preguntó. Pero lo hizo con timidez, con una voz suave y sin reproches—. ¿Te aseguras de que no se arrepientan de pasar una noche contigo?