Saúl salió a tomar aire fuera del centro médico, la naturaleza que lo rodeaba con su aroma a fruta madura intentaba darle un poco de calma, Isabella fue tras él, Saúl no advirtió su presencia pues iba rápido descargando su frustración en sus grandes pasos, Ángel se quedó sentado en la sala de espera con un libro entre sus manos cambiando la expresión de su rostro conforme leía.
Isabella alcanzó a su esposo y tomó su mano, lo miró a los ojos y preguntó.
—¿Es grave verdad?
Saúl se puso a llorar y