Saúl salió a tomar aire fuera del centro médico, la naturaleza que lo rodeaba con su aroma a fruta madura intentaba darle un poco de calma, Isabella fue tras él, Saúl no advirtió su presencia pues iba rápido descargando su frustración en sus grandes pasos, Ángel se quedó sentado en la sala de espera con un libro entre sus manos cambiando la expresión de su rostro conforme leía.
Isabella alcanzó a su esposo y tomó su mano, lo miró a los ojos y preguntó.
—¿Es grave verdad?
Saúl se puso a llorar y se abrazó a ella, con la voz entrecortada confesó.
—Isa, si mi madre despierta, hay una posibilidad que quede hemipléjica, eso la destrozaría.
Isabella lo abrazó e intentó consolarlo —Debemos esperar un poco—susurró retomando las palabras del doctor, Saúl se derrumbó, con sus palabras cargadas de dolor compartió su miedo,
—Usa mi madre toma medicina para regular la presión desde que tengo quince años, lo que pasó en el restaurante de tu papá puede generar daños graves.
Isabella sabía que Saúl