Ángel, Isabella y Saúl salieron a coordinar los arreglos para sus últimas actividades formales en el pueblo, Jesús quedó a cargo del local, terminó de preparar la sopa y se la llevó a Graciela, subió con cuidado las gradas llamó a la puerta y cuando le permitió pasar, ingresó con las manos temblorosas, en la charola de plástico el plato de la humeante sopa de pollo, ella miró el tazón despostillado, y la grasa del pollo cubriendo toda la superficie del contenido, le agradeció de mala gana, Jesús colocó el plato sobre la pequeña mesa, iba a retirarse cuando Graciela lo detuvo.
—Jesús, espere necesito un favor— Con su rostro sereno y la mirada expectante se detuvo. —Quiero ir a otra habitación.
Jesús se aclaró la garganta, miró el rostro amargo de Graciela y explicó.
—Los cuartos individuales de abajo, comparten el baño con los clientes del restaurante en el patio.
Dispuesta a negociar, con una sonrisa Graciela cambió su propuesta.
—Entonces, puede llevar a Ángel al cuarto de abajo, yo