Saúl llegó al restaurante con la misma ropa que había usado el día anterior, con una energía que contagiaba con solo verlo. Saludó a sus compañeros y despertó en ellos una ola de murmullos. Anthony, con los ojos sombreados de un tono gris, hinchados y rojos que se ocultaban bajo unas gafas oscuras, saludó con frivolidad a los empleados. Miró a Saúl y lo invitó a pasar a la oficina. Saúl fue tras él con la orgullosa postura que derrochaba seguridad. Anthony se sentó frente al computador e invitó a Saúl a sentarse frente a él.
—Saúl, no voy a redundar en lo que hablamos ayer, solamente quiero reorganizar la propuesta de las madres en caos, encárgate de eso.
Saúl bajó un poco la mirada.
—¿Qué va a pasar con Judith?
Anthony suspiró, uniendo sus labios.
—Ella va a tomarse unas vacaciones. Micaela se encargará de la gerencia hasta que mi hermana vuelva.
Saúl sonrió y extendió su mano para estrechar la de Anthony, pero él se negó con una mueca.
—Cuento con tu reserva respecto a lo de ayer y