Saúl llegó al restaurante con la misma ropa que había usado el día anterior, con una energía que contagiaba con solo verlo. Saludó a sus compañeros y despertó en ellos una ola de murmullos. Anthony, con los ojos sombreados de un tono gris, hinchados y rojos que se ocultaban bajo unas gafas oscuras, saludó con frivolidad a los empleados. Miró a Saúl y lo invitó a pasar a la oficina. Saúl fue tras él con la orgullosa postura que derrochaba seguridad. Anthony se sentó frente al computador e invitó