Ángel regresó de su caminata y notó la tensión de Isabella. Después de saludar y tomar a prisa el café que ella le dió, se dirigió a buscar a Graciela, pensaba que ella era responsable de la mirada sombría de su nuera, subió las gradas, abrió la puerta sin preguntar, ella se sobresaltó y al ver que era él, torció los ojos y continuó mirando por la ventana.
—Te noto muy tranquila, eso es nuevo— Comentó buscando saber el porqué del cambio extremo de Isabella.
Graciela suspiró.
—¿Te contó Isabella que vino el doctor y dijo que descanse un día y una noche más y después me puedo ir?
Ángel frunció el ceño extrañado.
—Ayer dijo que si no presentabas síntomas como falta de aire, palpitaciones o alguna otra cosa no era necesaria otra revisión.
Graciela sonrió, tenía una respuesta parcial a sus preguntas.
—De algo tiene que servir estar en este pueblo del infierno— Pensó mientras seguía el ir y venir apresurado de la gente en la plaza.
—Si te queda alguna duda pregúntale a Isabella, ella debió