El lodo negro y espeso succionaba los pies de Valentina hasta los tobillos, como si la propia tierra se negara a dejarla ir.
El aire nocturno en los manglares era pesado, cargado con el olor a agua salobre y vegetación en descomposición.
Valentina se aferraba al brazo de Mateo, respirando con dificultad, no solo por el agotamiento físico, sino por el peso de seis meses de embarazo que hacía que su equilibrio flaqueara a cada paso.
Señora, ya falta poco. Detrás de esas raíces hay un canal estr