El aire dentro de la caverna se volvió súbitamente irrespirable, como si el oxígeno hubiera sido consumido por la descarga emocional que estallaba entre los dos.
Sebastián Valderrama, el hombre que se había transformado en un tirano despiadado durante los últimos tres meses, parecía ahora una estatua a punto de quebrarse.
El arma en su mano descendió lentamente, y sus ojos temblaron violentamente al fijarse en la curva del vientre de Valentina: la prueba tangible de una vida que él creía perd