El sonido de la llovizna que quedaba de la noche anterior todavía se oía golpeando los cristales de la ventana de la habitación principal cuando amanecía en Bogotá.
Valentina se despertó sintiéndose mucho más estable, aunque la rigidez en su vientre seguía siendo una pequeña advertencia para que no actuara con precipitación.
En la mesita de noche, encontró una pequeña nota con la letra firme de Sebastián: «Descansa. Miguel te conectará la transmisión en vivo. Yo me encargo de terminar con est