El aire frío de los montes de Antioquía se colaba por las rendijas de las ventanas de madera de la cabaña, pero el fuego de la chimenea seguía encendido, proyectando una luz anaranjada que bailaba sobre el rostro de Valentina.
Se despertó en el sofá, envuelta en una manta de lana que la cubría hasta el mentón. El aroma del café negro y del pino quemado impregnaba la habitación.
Valentina se levantó despacio, apoyándose en su vientre, que ahora se sentía más tranquilo. Miró hacia la mesita junt