El aliento de Valentina se atasco, le pesaba el pecho como si el oxígeno del pasillo de la Fundación San Lucas se hubiera evaporado por completo.
Se apoyó la espalda contra la pared fría de la puerta de servicio, sus manos todavía temblaban violentamente después de ver a Sebastián caminar justo al lado de Don Arturo.
"Me vio... seguro que me vio", murmuró Valentina para sí misma. La mirada de Sebastián en ese momento fría, aguda y llena de sospecha no era la de un hombre que no reconociera a s