La luz del sol matutino en Cartagena solía traer consigo un calor agradable y reconfortante, pero para Valentina, esa mañana se sentía diferente.
Mientras tomaba un té en la terraza de la casa y observaba a Mateo, que intentaba gatear sobre la hierba verde y fresca, el zumbido del teléfono de emergencia de Sebastián rompió el silencio.
No se trataba de una llamada de negocios, sino de un código especial enviado por el equipo jurídico central en Bogotá.
Sebastián, que acababa de salir del mar