Las cenizas del antiguo contrato matrimonial se habían desvanecido por completo, tragadas por el viento de la noche bogotana, dejando un espacio vacío listo ahora para ser llenado por promesas nuevas, más puras y sinceras.
Esa mañana, la residencia de los Valderrama ya no parecía el cuartel general de una corporación en guerra, sino un hogar auténtico que latía con vida propia.
Valentina estaba de pie frente al gran espejo de su vestidor, observando su reflejo.
Ya no había en su rostro las h