La noche en Medellín se convirtió en un lienzo oscuro y opresivo. La lluvia tormentosa azotaba el parabrisas del Range Rover que conducía Sebastián a una velocidad desesperada.
En el asiento del copiloto, Valentina revisaba su tableta, rastreando las coordenadas GPS del teléfono de Elena, que se movía rápidamente hacia las afueras de la ciudad, donde se encontraba el Laboratorio Central de Genética.
"Ella sabe que su posición está en riesgo después de la caída de Mateo", gruñó Sebastián, apret