El dosier que Marcus colocó sobre el escritorio de la sala de conferencias era grueso—más de doscientas páginas de registros financieros, artículos de noticias archivados, y fotografías que contaban historia que nadie en Montes Industries había anticipado completamente.
—Necesitan ver esto—, dijo Marcus sin preámbulo, su expresión más seria de lo que Camila lo había visto nunca—. Todo esto. Porque cambia todo lo que pensábamos que sabíamos sobre Samuel Duarte.
Eran las nueve de la mañana—diecio