Capítulo 47.

POV Valeria

Los días siguientes transcurrieron en una calma tan dulce que a veces me parecía un espejismo. Cada mañana amanecía con el canto de los pájaros en los jardines de la mansión, con el murmullo lejano de la fuente y el aroma del café que Ana preparaba temprano. Vanessa corría por los pasillos como si aquellos muros siempre hubieran sido suyos, y Alma, aún con el dolor reciente marcado en los ojos, comenzaba a sonreír un poco más cada día gracias a la compañía de todos.

Esa rutina casi hogareña me llenaba de paz, pero en mi interior, una voz persistente me advertía que nada de eso podía durar demasiado. Con Armando al mando, con tantos enemigos aún rondando en la sombra, la calma era un lujo efímero. Y quizá por eso la vivía con tanta intensidad: me aferraba a ella como quien abraza un sueño antes de despertar.

Por las mañanas íbamos a la empresa. Yo solía quedarme en la oficina organizando despachos de autos, revisando facturas o coordinando reuniones, mientras Armando superv
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