REAL.
AURA.
Christopher marca el código en el teclado y la puerta pesada se desliza. Entramos en una sala pequeña, llena de pantallas y equipos tecnológicos de última generación. El ambiente es frío y huele a electrónica limpia.
En medio de la sala, sentada frente a un panel de monitoreo, hay una mujer joven, de mirada afilada y cabello corto platino. No parece la típica empleada de oficina; tiene un aire militar y eficiente.
—Aura, ella es Osiris —me dice Christopher, presentándola—. Es la mejor en