AURA.
El estruendo de la puerta principal de la redacción abriéndose me obliga a levantar la vista. Christopher entra con una zancada larga y furiosa, ignorando las miradas atónitas de mis compañeros y los murmullos que se levantan a su paso. Llega a mi cubículo, me toma de la mano con una firmeza que no admite réplicas y me saca de allí sin decir una sola palabra.
—Christopher, ¿qué haces? Todos están mirando... —alcanzo a decir, pero él simplemente me guía hacia el ascensor.
—Que miren lo que