CRHIS.
Entramos en la oficina y cierro la puerta con un clic seco, dejando el bullicio de la gala fuera. El silencio aquí dentro es pesado. Mientras Marcus se acomoda el cuello de la camisa, yo termino una llamada rápida por mi teléfono privado.
—Hazlo ahora —digo simplemente antes de colgar.
Guardo el dispositivo y me giro hacia él. El detective tiene esa mirada de perro de presa que ya empieza a cansarme.
—Llama a tu superior, Marcus —le ordeno con una frialdad absoluta—. Hazlo ahora mismo. S