AURA.
No es un beso de salvación ni un castigo; es un desafío. Es profundo, exigente y desesperado, una negación rotunda a su intento de clasificar nuestro momento como una "descarga exclusiva". Con mis labios, le demuestro que la línea que él impuso no existe para mí.
Él no me rechaza. Sus manos, que acababan de dar órdenes, suben y se aferran a mi cintura con una fuerza inmediata. Me devuelve el beso con una intensidad que borra cualquier duda sobre su atracción. El control que había recupera