AURA.
—Aura, ella es Emma —dice Liam, la presentación es rápida—. Emma es mi compañera de trabajo. Es la abogada con la que te comenté que estoy llevando el caso del que te hable. Emma, ella es Aura, mi novia.
Emma me da una sonrisa profesional y fría.
—Un placer, Aura.
—Igualmente —respondo. Siento la presión de la mentira del maquillaje en mi rostro, y la tensión de mi cuerpo. El ambiente en la habitación es tan espeso, que podría cortarse con un cuchillo. Hay un silencio incómodo que ninguno de los dos se apresura a llenar.
—Entiendo —digo, mirando primero a Emma y luego a Liam—. Si estoy interrumpiendo algo importante de su caso, me puedo ir y esperar.
—No, no interrumpes nada —se apresura a decir Liam, demasiado rápido.
La mujer, Emma, me mira de nuevo, y en sus ojos veo una mezcla de impaciencia y algo más que no logro identificar.
—Yo los dejo solos —dice Emma, tomando una carpeta de cuero de la mesa—. Ya terminamos con el análisis de los estatutos. Hablamos en la tarde, Liam.