La noche se había cerrado sobre la mansión cuando un suave golpe en la puerta de mi habitación me sobresaltó. Eran casi las once, y los niños llevaban horas dormidos. Rowan estaba en su despacho, revisando documentos, y yo me disponía a descansar después de la tensa cena con Lysandra.
—Adelante —dije, incorporándome en la cama.
La puerta se abrió lentamente, y la silueta de Beatriz apareció en el umbral. Llevaba su uniforme impecable, pero en sus manos sostenía algo que no había visto antes: un