La noche cayó sobre el jardín secreto como un manto de terciopelo negro salpicado de estrellas. La celebración había terminado, y la familia se había retirado a las cabañas que la comunidad había preparado para nosotros. El sonido de la selva era un murmullo constante, un recordatorio de que la vida seguía su curso en cada rincón.
Me acosté junto a Rowan, sintiendo el calor de su cuerpo contra el mío. El cansancio del día me envolvía como una manta, y pronto mis párpados comenzaron a cerrarse.