a mansión Knight brillaba con una calidez que solo las grandes reuniones familiares podían generar. Las luces de la terraza se reflejaban en el jardín, y el aroma a flores y a la cena que Beatriz había preparado con esmero llenaba cada rincón. Era una noche especial, de esas en las que el tiempo parecía detenerse para permitir que el amor y la alegría fluyeran sin reservas.
Toda la familia estaba reunida alrededor de la gran mesa del comedor. Rowan y yo ocupábamos los extremos, con los niños a