La noche había caído sobre la mansión, y el eco de la celebración aún resonaba en los pasillos. Después de la emotiva jornada, la familia se había retirado a descansar, y yo estaba sentada en el borde de la cama, peinando mi cabello mientras Rowan se cambiaba para dormir. El silencio entre nosotros era cómodo, pero notaba que algo lo inquietaba.
Rowan se sentó a mi lado y tomó mi mano.
—Vanesa, necesito hablar contigo —dijo, con la voz seria.
—¿Qué pasa, amor?
—Montenegro me contó algo hoy. —Hi