La noticia llegó una semana después de la sentencia de Lorenzo. Montenegro nos citó en su despacho con una expresión que no lograba descifrar. Víctor y yo estábamos sentados frente a él, con las manos entrelazadas y el corazón acelerado.
—Señor Valdés, señora Hayes —dijo Montenegro, con la voz seria—. He recibido la notificación oficial del tribunal. El imperio Valdés Essence, tras la condena de Lorenzo, ha sido desmantelado. Pero hay algo más.
—¿Qué? —pregunté, sintiendo que el corazón se me a