Si hay algo que he aprendido en mi tiempo colaborando con la DEA, es que no hay lugar para la improvisación. En todas las ocasiones que he sido parte de una misión, siempre ha habido un plan B, e incluso C, y esta no es la excepción.
—¿Qué es este lugar? —me pregunta cuando ya estamos en el estacionamiento subterráneo del edificio.
—Es un sitio muy discreto al que suelo venir, ya sabes que la prensa suele hacerse un festín de mis descuidos —menciono continuando con mi papel.
—No sabía que tenía