Cassian
Me quedo inmóvil unos segundos, mirando la puerta cerrada como si eso fuera a resolver algo.
No lo hace.
Al contrario.
Lo empeora.
Porque ahora ya no tengo a Génesis delante. No tengo la distracción de su rabia, ni la necesidad de sostenerle la mirada, ni la obligación de fingir que todavía puedo hablarle solo como a la madre de mi heredero.
Ahora solo me queda el eco del beso.
Y el conocimiento exacto de que, si ella no se hubiera ido, yo no habría sabido detenerme.
Voy hacia la mesa y