Genesis
La vieja del bosque habla entonces, sin apartar sus ojos amarillos de ellos.
—Cuando los separaron, no cortaron el vínculo. Solo lo deformaron. Por eso él enfermó. Por eso ella soñaba con el castillo. Por eso tú soñabas con ella. La grieta estaba abierta de los dos lados.
Me vuelvo hacia ella con la rabia subiéndome otra vez.
—Y tú lo sabías.
—Sí.
—Y no me lo dijiste.
—No podía decirte lo que aún no estaba completo.
—Eso es una mentira elegante.
La anciana inclina apenas la cabeza.
—A v