Tan pronto como cruza las puertas del centro de reclusión y sale de este, Kirsteen puede sentir como el aire frío golpea el rostro. Apenas si alcanza a bajar unos cinco escalones antes de detenerse, al quedarse quieta, se toma el tiempo necesario para respirar lentamente, intentando sacar de su cabeza eco de los gritos de Johanna que insisten en resonar dentro de su cabeza.
Aunque sus manos permanecen dentro de su bolsillo, puede sentir como estas están heladas y no es algo que tenga que ver c