Desde su posición sentada junto a la cama, Siena observa como la luz del amanecer comienza a filtrarse lentamente en la habitación, la sigue mientras esta se mueve lentamente dibujando una línea dorada que avanza con timidez sobre el suelo de madera. No se sorprende cuando la claridad incipiente logra conquistar apenas una parte de la habitación. La otra mitad sigue sumida en penumbras, protegida por la gruesa cortina que impide que el sol alcance la cama donde Victoria se encuentra profundamen