La habitación está envuelta en una penumbra tranquila, apenas rota por la luz blanquecina que se filtra a través de la ventana provenientes de los faroles externos. Margaret permanece de pie frente al cristal, con las manos entrelazadas frente a ella, observando cómo afuera la nevada se vuelve cada vez más densa. Los copos caen sin prisa, pero de forma constante, cubriéndolo todo, como si el mundo exterior intentara amortiguar el ruido de lo que está rompiéndose dentro de Ravenshield.
Detrás de