Tan pronto como la puerta de la habitación de Kirsteen se abre, Siena ve como Victoria no lo piensa dos veces y entra corriendo cual un huracán descontrolado, desbordando esa felicidad que la caracteriza y que, para este punto, ya no intenta encontrarle una explicación.
—Kirsteen mira, ¡Traje a mi oso favorito! —exclama, levantando el peluche entre sus manos—. Así puede cuidarnos mientras dormimos.
La pelicastaña se toma un momento para deleitarse con la explosión de energía de Victoria y ríe s