Cuando el reloj deja escuchar sus campanas anunciando las 11:30 de la noche, Skye finalmente se deja caer en el sofá individual del salón con un gesto cansado, casi teatral para alguien que no sepa cuan dramática puede llegar a ser. Apoyando la cabeza contra el respaldo, apoya sus manos en la posa-brazos mientras deja escapar un suspiro largo y profundo, como si con él pudiera expulsar todo el cansancio y la tensión que acumuló durante la velada.
—Por fin terminó todo —susurra, cerrando los ojos un instante.
Alexander la observa y sonriendo, se acerca sin decir nada y tomando una de sus manos la aparta con cuidado para poder sentarse en el posa-brazos del sofá, con cuidado de no incomodarla. Inclinando ligeramente el cuerpo hacia ella, deja un beso en su frente para luego deslizar sus dedos con suavidad por su cabello, deshaciendo un mechón rebelde.
—¿Estás muy cansada? —pregunta con voz suave y llena de cariño.
Tan pronto como siente su fragancia y sus gestos de cariño, Skye abre los