Cuando el reloj deja escuchar sus campanas anunciando las 11:30 de la noche, Skye finalmente se deja caer en el sofá individual del salón con un gesto cansado, casi teatral para alguien que no sepa cuan dramática puede llegar a ser. Apoyando la cabeza contra el respaldo, apoya sus manos en la posa-brazos mientras deja escapar un suspiro largo y profundo, como si con él pudiera expulsar todo el cansancio y la tensión que acumuló durante la velada.
—Por fin terminó todo —susurra, cerrando los ojo