—Franco —llama Siena al otro de la puerta mientras deja golpes desesperados sobre la puerta—. Franco por favor, abre.
Pero no hay respuesta al otro lado.
En la biblioteca solo hay silencio. La se filtra por la ventana y se proyecta sobre Franco quién se encuentra apoyado en el escritorio. Su vistas se encuentra fija sobre la madera, aprendo porque lo encuentre algún interés o detalle, simplemente es una mirada vacía y tan perdida como la está su mente.
Sus manos se cierran contra el borde del