El lago se extiende ante ellos como un espejo inmóvil, apenas alterado por la suave brisa que recorre la superficie y dibuja ondulaciones lentas, casi imperceptibles. Al otro lado de Ravenshield, lejos del movimiento constante de la casa y de las voces que se cruzan en los pasillos, ambos observan el paisaje guardando un momento de silencio.
Franco se encuentra de pie en la orilla, con las manos en los bolsillos del abrigo y la mirada fija en el agua. A su lado, Alexander revisa las piedras en