La sala principal sigue bullendo en constante actividad, aunque la misma es cuidadosamente controlada por la señora Norris, la ama de llaves. Mientras la mujer da una instrucción tras otra de lo que se debe hacer y cómo debe hacerse, el murmullo de voces discretas acatando sus instrucciones acompañan el suave roce de telas y el sonido lejano de bandejas al ser acomodadas. Todos los sonidos se unen en una sinfonía doméstica que habla de experiencia y precisión. En Ravenshield, nada se improvisa.