Al estar en su punto más alto del cielo, los rayos del sol se cuelan entre las ramas de los árboles, proyectando sombras largas sobre el césped recién cortado. Si alguien le pregunta a Siena, ella fácilmente puede asegurar que ese es el mejor momento del día para disfruta de un poco de aire fresco mientras disfruta de un buen libro mientras dura su hora libre del día. La mejor prueba de ella, es lo cómoda que se encuentra sentada en una de las bancas del jardín, con la espalda apoyada cómodamente en el respaldo de madera y una novela descansando entre una de sus manos y su muslo. Su helado de vainilla es su pequeño premio del día, un capricho dulce que saborea con calma mientras sigue leyendo las desventuras del viejo fantasma.
Sin embargo, su tranquilidad dura menos de lo que tenía pensado disfrutar.
De la nada, y con la agilidad de alguien que ha hecho ese truco demasiadas veces, Franco salta por sobre el respaldo de la banca y aterriza justo a su lado. Siempre tempestuoso. Siempre