En ese año y medio que lleva recorriéndolo los pasillos de la facultad, es la primera vez que estos le parecen tan jodidamente interminables, pero no se permite bajar la velocidad con la cual los cruza. Corre sin mirar a quién empuja, a quién esquiva o a quién deja atrás con un sobresalto y gritándole cosas que no logra ni quiere identificar. No le importa. No ahora. No cuando cada célula de su cuerpo se encuentra tensa por el mismo pensamiento que comenzó a repetirse como un loop en su cabeza desde que escuchó a dos de las jugadoras femeninas de rugby hablando entre ellas.
《 Que esté bien, que esté bien, que esté bien. 》
En esos momentos ese es su mantra.
Sus zapatillas se deslizan en el piso recién pulido, pero se apresura en recuperar el equilibrio para seguir su ritmo frenético.
Al llegar al estacionamiento del campus, puede ver como el autobús se aleja y cruza en la esquina, maldice internamente su suerte pues espera poder llegar a tiempo para tomarlo.
—¡Carajo! —grita con frustr