Contrario de lo que se esperaría por ser hora del almuerzo, ese día la biblioteca parece tener más estudiantes de lo normal, tal vez por ello tardó más de lo acostumbrado en encontrar una mesa vacía, y es que todas las del área principal se encuentran ocupadas, así que le tocó tomar unas de las que se encuentran al fondo, en un área más apartada.
Mientras revisa las estanterías, Siena disfruta del olor a madera, papel envejecido y contradictoriamente a tinta fresca que llena la estancia. El manto silencioso que cubre cada rincón se siente acogedor, por lo menos para ella. Caminando despacio entre los pasillos formados por los altos estantes, no puede evitar pasar los dedos cerca de los lomos de los libros, no tanto porque espera que ese simple roce sobre las cubiertas le ayude a identificar más rápido el libro que tanto necesita, sino porque le produce cierto placer el hacerlo.
Cuando la idea de volver a la residencia y relajarse por ese fin de semana cruza por su cabeza, es rápidamen