—Skye, cállate —Siena reprende a su hermana entre dientes, más rápido y más brusco de lo que pretendía que se escuche—. Deberias mandar a ver tus sueños raros
—¿Estás insinuando que me lo invento?
—Estoy diciendo que estás afirmando cosas sin sentido —la advertencia en el tono de Siena es clara, urgente, cada palabra y gesto de su rostro siendo un intento desesperado por frenar algo que no debe salir a la luz, no allí y definitivamente, no de esa manera—. Deja de hablar tonterías.
Su hermana parpadea, sorprendida por el tono, no ve nada de malo en contar esa historia, todos tienen historias vergonzosas de la universidad.
—No son tonterías —replica, cruzándose de brazos y frunciendo el ceño, para ella es Siena quién está exagerando al actuar como si aquella historia fuera lo peor del mundo—. ¡Lo recuerdo perfectamente! —insiste con más énfasis—. Incluso rompiste tus propias reglas y te escapaste un par de veces para ir a citas con él. ¿O también vas a decir que eso lo soñé? Porque pu