Tras la partida de Franco Siena y Victoria, la sala comienza a asumirse en una quietud que con el paso de los minutos resulta cada vez menos cómoda, sino que por el contrario, se siente pesada y opresiva, como si cada segundo que transcurre de espera no hicieras si no añadir una capa detención sobre otra al punto de que se vuelven imposibles de ignorar. Helena puedes sentirlo no solo en su interior, sino también en la forma en que sus hombros se mantienen rígidos, en cómo sus manos no logran e