La lluvia siguió cayendo durante tres días seguidos. El polvo del valle se convirtió en barro, los ríos volvieron a llevar agua y el césped verde se extendió por todo el alrededor del lago. Las manadas — ya unidas en una sola, la Manada del Lago Claro — vivían en paz. Tormenta y Trueno eran las alfas juntas, y Carlos era el beta, como le habían prometido.
Cada día era nuevo y lleno de vida. Las crías — entre ellas Zoe, que ya caminaba sola sin necesidad de Bruno — jugaban en el lago, persiguién