Dos meses después de cerrar el capítulo del contrato, Julian y yo decidimos renovar la villa para convertirla en un hogar verdadero. Cambiamos las cortinas oscuras por telas claras que dejaban entrar la luz, pintamos las paredes de color crema y añadimos plantas en cada rincón—rosas rojas, jazmines y margaritas, que llenaban la casa de aroma. En la biblioteca, sustituimos el estante donde estaba la caja del pasado por un mueble nuevo, donde guardamos nuestros libros juntos, las fotos de nuestra