Julian Vance no sabía cómo tener una cita. Sabía cómo ganar licitaciones, cómo diseñar rascacielos que desafiaran al viento y cómo elegir el vino más caro de la carta, pero no sabía qué hacer con sus manos cuando no tenía un plano que sostener.
Había citado a Clara en un restaurante de una exclusividad absurda. El tipo de lugar donde los camareros usan guantes blancos y el menú no tiene precios. Él llegó diez minutos antes, con un traje negro que gritaba "control absoluto".
Cuando Clara apareci